
Bolivia enfrenta una escasez estructural de dólares que ya no puede explicarse como un problema coyuntural. Un análisis reciente de la Fundación Jubileo advierte que el país gasta sistemáticamente más divisas de las que genera, configurando una brecha que presiona la estabilidad económica y limita el margen de maniobra del Gobierno.
René Martínez, analista de la Fundación Jubileo, hace notar que el problema es de fondo: la economía boliviana perdió su principal motor de generación de dólares —el gas natural— sin haber construido una alternativa equivalente. En paralelo, el Estado mantiene obligaciones externas rígidas, como la importación de combustibles y el pago de deuda, que no pueden postergarse.
Déficit de dólares
El estudio proyecta que en 2026 Bolivia enfrentará un faltante de más de $us 5.300 millones solo considerando ingresos y gastos “obligatorios” en divisas. Si se suman presiones adicionales —como la devolución de depósitos en dólares o la necesidad de fortalecer reservas— la brecha podría ampliarse hasta niveles cercanos a los $us 9.000 millones.
En términos simples: el Estado genera menos de $us 1.000 millones al año en ingresos directos en dólares, pero necesita varios miles de millones para sostener su funcionamiento externo.
Este desequilibrio se explica, principalmente, por tres factores:la caída sostenida de las exportaciones de gas, tras el fin del contrato con Argentina y la menor producción.
La alta dependencia de la importación de combustibles, que absorbe gran parte de las divisas y el aumento del servicio de la deuda externa en los próximos años.
Durante casi dos décadas, el gas natural fue la principal fuente de dólares para el Estado. Hoy esa realidad cambió. La producción cae y los mercados se reducen, dejando al país con una base de ingresos más estrecha y vulnerable.
Aunque Bolivia mantiene exportaciones mineras importantes —impulsadas por buenos precios internacionales— esos ingresos no se traducen en dólares disponibles para el Estado en la misma magnitud. La estructura del sector, dominada por actores privados y cooperativas, limita la captación fiscal directa.
Para Martínez, el resultado es una paradoja: el país puede exportar miles de millones en minerales, pero el Estado recibe solo una fracción relativamente pequeña en divisas líquidas.
Dólares que se van
Del lado del gasto, la presión es aún más clara. La importación de diésel y gasolina se convirtió en el principal drenaje de dólares, en un contexto donde la producción interna de hidrocarburos es insuficiente para cubrir la demanda.
A esto se suma el pago de la deuda externa, que ha ganado peso en los últimos años. Según datos del Banco Central de Bolivia, el servicio de deuda ya representa una proporción elevada respecto a la capacidad exportadora del país, lo que reduce el margen ante shocks externos.
En la práctica, estos dos factores —energía y deuda— concentran la mayor parte de la demanda de divisas.
Ante la escasez, el Gobierno ha recurrido a mecanismos extraordinarios: créditos externos, uso de reservas internacionales y operaciones con oro.
Sin embargo, el propio informe advierte que estas medidas no resuelven el problema estructural. El financiamiento externo “compra tiempo”, pero genera nuevas obligaciones futuras, mientras que la venta de activos —como el oro— reduce el respaldo financiero del país.
Organismos como el Fondo Monetario Internacional han insistido en que la sostenibilidad externa depende de la capacidad de generar divisas de forma recurrente, no de mecanismos temporales.
El diagnóstico abre también el debate sobre las salidas. La clave, según el análisis, pasa por aumentar la generación estructural de divisas y reducir la dependencia de importaciones.
Entre las principales opciones aparecen: reactivar el sector hidrocarburífero, aunque con resultados de mediano plazo, reformar el sector minero, para que una mayor parte de las exportaciones se traduzca en ingresos estatales.Impulsar exportaciones no tradicionales, como agroindustria y reducir la factura energética, mediante eficiencia o cambios en el esquema de subsidios.





























