“YPFB no es una empresa petrolera, es un botín político”, asegura el analista Delius

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Bolivia atraviesa una crisis en la conducción del sector hidrocarburífero, marcada por cambios abruptos en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y el Ministerio de Hidrocarburos. En menos de 24 horas, el ministro Mauricio Medinaceli fue destituido, mientras que, horas antes, la presidenta de la estatal, Claudia Cronenbold, había presentado su renuncia al cargo mediante una carta.

«La realidad es que YPFB no es una empresa petrolera. YPFB es una corporación que responde a todo tipo de intereses, a todo tipo de directrices. Para poner en sencillo: es un botín. Y si no se acaba con el botín político, YPFB nos va a arrastrar hacia una crisis muy profunda. Si algo puede arrastrar a Bolivia a una crisis profunda, es un fracaso en YPFB», señaló el analista e ingeniero Carlos Delius.

La reciente renuncia de la presidenta de YPFB, Claudia Cronenbold, no solo expone tensiones internas en la estatal, sino que revela una crisis estructural más profunda en el sector hidrocarburífero del país, según el análisis de Delius.

El experto fue invitado al programa Influyentes de EL DEBER, donde expresó que los problemas actuales de la crisis energética (como las filas por combustible y la venta de gasolina de baja calidad ) son reflejo de una crisis estructural.

El analista sostuvo que YPFB ha dejado de funcionar como una empresa petrolera para convertirse en una corporación atravesada por intereses políticos. Asimismo, apuntó que, durante años se habría consolidado una estructura interna que dificulta cualquier intento de reforma.

Según el ingeniero, existe una “máquina de impedir” que bloquea cambios, oculta información y protege intereses dentro de la institución. «Entonces, en 20 años se ha tejido una mafia que ha diseñado su sistema de protección, sus vacunas burocráticas. Entonces, hoy en día YPFB es la máquina de impedir. Todo lo que usted quiera tratar de hacer para mejorar, se lo impiden. No puede botar gente, le ocultan la información. Todo lo ha escrito Claudia (Cronenbold). La carta de Claudia dice más en lo que no dice, no sé si me dejo entender. Es una carta que uno la lee entre líneas y es un mensaje muy poderoso», señaló Delius.

Producción en declive y reservas críticas

Uno de los puntos más preocupantes del análisis es la caída sostenida en la producción de gas. Delius estima que Bolivia tendría reservas para aproximadamente tres años, lo que obliga a tomar decisiones urgentes.

Delius cuestionó el rol actual de YPFB en la exploración y señaló que la empresa no cuenta ni con los recursos ni con la capacidad técnica suficiente.

«YPFB tiene que ser una especie de regulador, pero no regulador imponiendo, sino un regulador participando de un mercado de una manera transparente. Aquí se tiene que transferir muchas competencias de YPFB (…) Ha sido durante muchos años un botín energético. Se ha dispendiado, se ha mal invertido, se tiene activos como la planta Carlos Villegas, se tiene la planta de Bulo Bulo, se continúa con programas millonarios como ser las conexiones domiciliarias. YPFB tiene un desorden que es impresionante», manifestó.

Subsidios y gas

Delius también advirtió sobre el impacto social de la crisis energética. Señaló que, ante una eventual escasez de gas, el país podría verse obligado a eliminar subsidios, lo que encarecería significativamente el acceso a este recurso.

“Vamos a tener caños vacíos porque nadie va a poder, en su casa, pagar el precio del gas internacional. Nadie va a apoyar a este país para que el apoyo lo convirtamos en subsidio. Tenemos realmente un desastre importante. Cuando el presidente dice que se han hecho avances por haber retirado el subsidio marca un camino importante, es cierto, pero de todas maneras hay una brecha muy grande”, indicó.

El ingeniero plantó la necesidad de impulsar una “tercera ola” en el sector hidrocarburífero, basada en la reactivación del mercado brasileño y la atracción de inversiones extranjeras.

Sin embargo, reconoce que el desafío es grande, ya que Bolivia debe competir con mercados más atractivos como Argentina, Guyana o Venezuela. Para ello, considera clave generar condiciones jurídicas estables, retomar mecanismos de arbitraje internacional y establecer reglas claras.

«Hay que contribuir y hay que pedir grandeza a los políticos en Bolivia para que dejen que las cosas ocurran. Es más, la solución aquí es primero política y luego técnica», finalizó.