
Las empresas públicas se han mitificado al punto de cobrar vida por sí mismas como deidades a las cuales se debe rendir pleitesía. El grueso de bolivianos considera que el pasado nos obliga a sostenerlas de todos los modos posibles; en ese sentido, ningún esfuerzo o sacrificio es suficiente para satisfacer a estos ídolos de bronce que brillan por el reflejo de la historia de su conquista y no así por su presente.
Nadie los vio caminar, nadie los vio moverse siquiera; sin embargo, estos gigantes de bronce se rodean de densas nieblas de misticismo que hasta el día de hoy hacen arrodillar a los patriotas y nostálgicos de las conquistas sociales.
Uno de estos gigantes de bronce es YPFB, que al día de hoy se transforma en una intermediaria que importa combustible, sin capacidad alguna de explorar y producir petróleo o gas por sus propios medios.
A pesar de no tener ningún parecido con el mito, y más que un ídolo de bronce parece un hombre de hojalata, se sigue defendiendo su existencia so pretexto de que es el patrimonio de los bolivianos. Aquí existe una incongruencia que vale la pena señalar.
Si en los últimos años YPFB fracasó en su eslabón de prospección, exploración y explotación de gas, ¿qué sentido tienen las otras etapas de la cadena de producción? Cualquiera entendería esta realidad como la confirmación de la incapacidad de autofinanciar estas etapas clave con el trabajo de sus otras fases, como la refinación, la logística y el transporte.
Una empresa estatal de petróleo y gas que no encuentra ni produce, ni uno ni otro, ¿de qué patrimonio de los bolivianos se habla si la actualidad da cuenta de que no tiene una cualidad o factor diferenciador como capital económico que permita pensar que tiene potencial en el futuro?
Una empresa que requiere de capital y financiamiento externo sobre la base de nada no es estratégica, no es una panacea, ni siquiera se constituye en un asunto de prioridad nacional que merezca aunar todos los esfuerzos y recursos disponibles para su salvataje de las filosas garras de la privatización.
Es una empresa que detenta el monopolio de los hidrocarburos por decisión política ajena a los mercados. Retiene un mercado que no es capaz de satisfacer mínimamente; es decir, mantiene a los bolivianos a merced de un combustible de mala calidad, de niveles de inflación en ascenso consecuencia de cargarse en la espalda el déficit público que exacerba el aparato público con empresas de similares características, y blinda contratos de aprovisionamiento dudosos a través de sindicatos de transportistas involucrados en negociados que buscan todo menos eficiencia en la logística y reducción de costos al país, no solo a YPFB.
Hablemos con números.
De acuerdo a las cifras de la OFEP, las utilidades operativas de YPFB Corporación en el periodo 2006-2024 ascendieron a un total de $us 5.316 MM, registrando un promedio anual de $us 279,8 MM. Tomando en cuenta las subsidiarias individualmente, la que destaca es YPFB Andina con un total de $us 1.248,9 MM y un promedio anual de $us 65,7 MM; por otro lado, la que menores utilidades registra es YPFB Logística con un total de $us 41 MM y un promedio anual de $us 2 MM durante el mismo periodo.
Esto parecerían buenas noticias; sin embargo, al analizar las tendencias en el tiempo se puede ver la fractura entre la prospección, exploración y explotación y las etapas posteriores en la cadena de producción de los hidrocarburos en Bolivia.
Mientras que las utilidades operativas de YPFB Chaco, Andina y YPFB Refinación han caído un promedio anual de -16,70 %, -33,79 % y -53,49 %, las de YPFB Logística y Transporte subieron en un promedio anual de 37,69 % y 47,52 %; es decir, se tiene la producción en caída, pero las etapas siguientes –que dependen de la producción para tener el “qué” organizar para su transporte y distribución en el mercado interno– no parecen haberse afectado por esta situación.
Sin embargo, los datos esconden una realidad aún más trágica: el año 2024 las utilidades operativas de YPFB Transporte superaron las utilidades de todas las subsidiarias productoras, un fenómeno anticipado desde agosto 2019, donde YPFB ratificaba la decisión de reactivar campos maduros o “viejos” (es decir, ya explotados en su máximo nivel de producción) para contrarrestar la caída en la producción ante la incapacidad de encontrar nuevos yacimientos.
Uno pensaría que la empresa buscaría financiamiento fuera de nuestras fronteras en la forma de inversión extranjera directa orientada a la exploración y prospección; sin embargo, se apeló a créditos para financiar las últimas etapas de la cadena de producción que ascendieron a $us 1.303 MM provenientes del Banco Central de Bolivia, $us 49,3 MM cortesía del EXIM Bank de China y $us 61,9 MM provenientes de venta de Bonos YPFB en la Bolsa de Valores Boliviana.
Esta última mantiene cautivos los recursos del sistema financiero y, a su vez, los recursos de la Gestora Pública, que giran ciclos interminables de reinversiones en fondos de inversión, bonos bursátiles y otros productos que las mismas entidades financieras disfrazan como “diversificación”.
En síntesis: se rifaron $us 1.414,2 MM para ampliar la capacidad de refinación a sabiendas de que toda esa infraestructura quedaría con capacidad ociosa una vez los campos mermen en su producción al punto de requerir importar gas natural para su procesamiento, no en 30 o 50 años, sino en un horizonte de tres años, según estimaciones conservadoras.
¿Qué queda para el país? Medido en las utilidades netas, se obtuvo en el periodo 2006-2024 un total de $us 4.075,9 MM y un promedio anual de $us 214 MM. En perspectiva es el 22,1 % de lo que generó en 2024 LATAM, una empresa chilena que se dedica al transporte aéreo de pasajeros; el 10,8 % de lo que generó en 2024 Nu Holdings, una empresa financiera brasileña; un 11,2 % de lo que generó en 2024 Mercado Libre, empresa líder de las fintech en Latinoamérica como portal de compras digitales. O sea, una nada que otros pueden generar a partir de servicios y no materias primas.
Eso que escuchan al volver al ídolo de bronce YPFB es el vacío que hace eco en su interior. No hay riqueza oculta que descubrir, menos defender.

































