YPFB apuesta por Surubí-Mamoré para aliviar presión por importaciones

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Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) volverá a perforar en uno de sus campos petroleros históricos. La estatal anunció el inicio de dos nuevos pozos de desarrollo en el área Surubí-Mamoré, en Cochabamba, con la meta de incrementar reservas y elevar la producción de crudo en una zona considerada estratégica dentro del plan de reactivación del upstream nacional.

Se trata de los pozos Surubí Noroeste 6 (SRB NO-6) y Surubí Noroeste 9H (SRB NO-9H), orientados a desarrollar principalmente el reservorio Yantata y, en segunda línea, el Lower Petaca. La perforación del primero está prevista para julio, con un taladro de 2.000 caballos de fuerza que será movilizado este mes.

La noticia, sin embargo, trasciende el dato técnico. El movimiento refleja la decisión de YPFB de volver a invertir en campos maduros para recuperar producción de líquidos, justo cuando el país enfrenta una creciente fragilidad energética: menos petróleo propio, mayores compras externas de diésel y gasolina y una presión sostenida sobre las reservas internacionales.

Un campo viejo, pero aún estratégico
Surubí-Mamoré, ubicado en la provincia Carrasco de Cochabamba, no es un descubrimiento nuevo. Durante años fue operado por la española Repsol y llegó a convertirse en uno de los mayores aportantes de petróleo del país. Según datos difundidos por YPFB, este bloque llegó a representar cerca del 38% de la producción petrolera boliviana en sus mejores años, aunque posteriormente su rendimiento fue cayendo por agotamiento natural y falta de nuevas inversiones de desarrollo.

Desde que la estatal retomó el control operativo del área, el objetivo declarado fue revertir ese descenso. La producción actual oscila entre 1.200 y 1.300 barriles por día, pero la petrolera busca prácticamente duplicar ese volumen en el mediano plazo mediante nuevas perforaciones, reacondicionamiento de pozos antiguos y optimización de facilidades de superficie.

Los dos pozos anunciados esta semana encajan precisamente en ese esquema: no son pozos exploratorios de alto riesgo, sino perforaciones de desarrollo en una estructura ya conocida, donde existe información geológica previa y una probabilidad más alta de incorporar petróleo comercializable en plazos relativamente cortos.

La urgencia detrás de la perforación
El relanzamiento de Surubí-Mamoré ocurre en un momento particularmente delicado para Bolivia. En la última década, el país dejó de ser un exportador holgado de hidrocarburos para convertirse en un importador cada vez más dependiente de combustibles líquidos. La caída de producción de gas y petróleo redujo ingresos por exportación y, al mismo tiempo, obligó a YPFB a destinar más dólares para abastecer el mercado interno con gasolina y diésel.

Ese doble efecto golpea las finanzas públicas: ingresan menos divisas por ventas externas y salen más recursos para comprar carburantes.

Por eso, cada barril adicional de petróleo nacional tiene hoy una lectura fiscal y cambiaria. Aunque Surubí-Mamoré por sí solo no resolverá el déficit estructural de combustibles, sí puede ayudar a reducir parcialmente la necesidad de importaciones de crudo y condensado para refinación.

En términos prácticos, la apuesta oficial es sencilla: si Bolivia produce más líquidos internamente, necesita menos dólares para traer combustibles del exterior.

Campos maduros, la salida inmediata de YPFB
Mientras los grandes descubrimientos exploratorios —como Mayaya en el norte paceño— demandan varios años para entrar en producción comercial, YPFB ha optado por una solución de más corto aliento: reactivar y exprimir áreas maduras donde ya existe infraestructura instalada.

Eso explica por qué la petrolera está concentrando esfuerzos en Surubí-Mamoré, Yarará, Yope y otros campos con potencial remanente de líquidos.

La ventaja de este modelo es el tiempo. Un pozo de desarrollo puede traducirse en producción en meses y no en años, siempre que los reservorios respondan como prevén los estudios sísmicos y petrofísicos.

Además, el petróleo tiene un peso estratégico superior al gas en la coyuntura actual: alimenta directamente las refinerías nacionales y ayuda a producir gasolina, diésel y otros derivados en un mercado interno tensionado por problemas logísticos y crecientes costos de importación.

¿Alcanza para cambiar el panorama?
Analistas del sector consideran que la perforación en Surubí-Mamoré es una señal positiva, pero insuficiente frente al tamaño del problema energético boliviano.

El país necesita no solo sostener campos maduros, sino encarar una agresiva reposición de reservas luego de años de baja exploración efectiva. Sin nuevos descubrimientos de magnitud, el aumento puntual de producción en áreas antiguas funciona más como una válvula de alivio que como una solución estructural.

Aun así, YPFB parece jugar hoy con esa lógica: sumar barriles donde todavía sea posible y ganar tiempo mientras intenta desarrollar proyectos mayores.

En otras palabras, Surubí-Mamoré vuelve al centro del tablero porque Bolivia ya no tiene margen para dejar petróleo bajo tierra en campos conocidos.