
Golpeados por la caída de exportaciones, la competencia externa y los efectos del clima, los productores de quinua impulsan una nueva estrategia para recuperar el mercado global: consolidar la denominación de origen en la Unión Europea (UE). Bolivia pasó de registrar un récord de $us 197 millones por la quinua exportada en 2014 a $us 93,5 millones en 2025, en un contexto de pérdida de liderazgo y mayor competencia internacional.
“Un factor importante será el apoyo del Gobierno para consolidarnos con la denominación de origen (en la UE). Eso va a ser el plus para que nosotros podamos comercializar nuestra quinua a nivel internacional y seamos únicos, productores de la quinua de calidad con denominación de origen de Bolivia”, expresó el presidente de la Asociación Nacional de Productores de Quinua Anapqui, Oden García.
Durante la última década, el mercado mundial de la quinua cambió de forma radical y el cultivo pasó de estar concentrado en los Andes a producirse en más de 100 países, lo que amplió la oferta global y presionó los precios a la baja, según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
“Los precios alcanzaron su pico entre 2013 y 2014, con valores por encima de los $us 6.000 por tonelada debido a la altísima demanda global. El precio actual de la quinua está casi en la mitad de aquel pico histórico, incluso, en años anteriores llegó a estar apenas por encima de los $us 2.000 dólares, haciendo quebrar a muchos productores que incluso dejaron el cultivo en el altiplano”, señaló el economista y Gerente General del IBCE, Gary Antonio Rodríguez.
El especialista subrayó que a la oferta de más países se sumó el avance de Perú, que logró desplazar a Bolivia como principal exportador gracias a mayores rendimientos, uso de tecnología y una estrategia orientada al mercado internacional.
La nueva apuesta
En ese escenario, los productores buscan diferenciar la quinua boliviana con un sello que certifique su origen y calidad más allá de la región sudamericana. La denominación de origen en la Unión Europea apunta a que se reconozca que la quinua real del altiplano sur, cultivada en condiciones extremas, a más de 3.800 metros de altura y en suelos salinos, tiene características únicas que no pueden replicarse en otros países.
“La denominación de origen es un registro, un sello de producción orgánica de un área (específica y) protegida de la producción de quinua”, explicó el Presidente del Consejo Nacional de Productores de Quinua de Bolivia (Conapquibol), Tupac Nina e indicó que en el caso de la quinua real, abarca cerca de 56.000 kilómetros cuadrados del altiplano sur, donde las condiciones climáticas y geográficas permiten un producto con características únicas.
Un proceso exigente
Sin embargo, este proceso no es reciente ni sencillo, los propios productores reconocen que la gestión para obtener este reconocimiento internacional lleva varios años y que actualmente se encuentra en revisión en la Unión Europea.
Según la normativa europea sobre indicaciones geográficas, el trámite exige un expediente técnico que detalle el producto, la zona de producción, los métodos y sus características diferenciadas. Además, se verifica la trazabilidad, los controles de calidad y la relación directa entre el territorio y el producto antes de su registro oficial.
Los productores consideran que de aprobarse, el sello permitiría acceder a mejores precios y posicionar la quinua en nichos más exigentes, donde se valoran atributos como la producción orgánica, la sostenibilidad y el vínculo cultural.
El gerente del IBCE remarcó que en estos mercados la competencia no se define solo por volumen, sino por estándares de calidad. “Hay una demanda por productos orgánicos con certificaciones ambientales, nichos de mercado que incluso valoran aspectos de orden cultural en la producción alimenticia, mucho más, tratándose de superalimentos, tal el caso de la quinua real orgánica que se produce en el espacio intersalar Uyuni-Coipasa”, sostuvo.
El sector considera necesario consolidar la denominación de origen de la quinua real a nivel internacional, con el fin de fortalecer su presencia en mercados externos y mejorar sus condiciones de exportación. Este reconocimiento ya fue otorgado en 2014 por la Comunidad Andina y reafirmado en 2020 por el Gobierno y el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi).
Valor de origen y oportunidad
La apuesta por la denominación de origen también se sostiene en la forma de producción.
Desde el altiplano sur, una productora explica que el cultivo es un proceso largo y completamente orgánico que comienza con el arado y la siembra, sigue con un cuidado constante para evitar plagas y malezas sin la utilización de químicos, y culmina tras varios meses con la cosecha, el secado, el venteado y el cernido del grano.
“Hay que vivir junto con la producción de la quinua”, resume. En ese contexto, el sello europeo no solo representa acceso a mercado, sino también el reconocimiento a un sistema productivo basado en saberes tradicionales, trabajo familiar y manejo sostenible del entorno.
“Estamos esperando de que nos apruebe (la denominación de origen) para todos los planes que se han hecho y sea considerado en la Unión Europea nuestra quinua. El sello para esa área protegida comprende 10 municipios por el momento”, manifestó.
La apuesta por la denominación de origen responde a una situación interna compleja, marcada por la escasez de divisas, y proyecciones de contracción económica y desempleo para este 2026. Más de 100.000 familias dependen de la producción de quinua en Bolivia, según Conapquibol.
No obstante, los productores advierten que las condiciones climáticas afectan de forma recurrente los cultivos, a lo que se suman limitaciones en acceso a maquinaria, financiamiento y combustible.
En 2025 alcanzó las 56.000 toneladas y para la próxima campaña se proyectan 60.000 toneladas, impulsadas por una mayor demanda internacional desde Europa, Asia y América.
Sin embargo, el desafío no es solo producir más, sino vender mejor. El IBCE observó que la caída de precios internacionales tras el boom de 2013 y 2014 redujo significativamente los ingresos del sector, afectando la rentabilidad de los productores y, en algunos casos, provocando el abandono del cultivo.
Frente a este escenario, el sector definió una hoja de ruta en el encuentro multisectorial realizado a fines de abril, donde la consolidación de la denominación de origen a nivel internacional aparece como una de las principales demandas, junto con medidas orientadas a mejorar la producción y la competitividad.
Entre otras conclusiones se plantea la creación de un fideicomiso para facilitar el acceso a maquinaria agrícola sin que los productores deban hipotecar sus tierras, además de la implementación de microcréditos respaldados por la cosecha e incentivos fiscales.
A esto se suma el impulso a una nueva ley sectorial de la quinua real, el desarrollo de tecnologías de mecanización adaptadas al altiplano y un plan de biofertilización para enfrentar las condiciones climáticas adversas.
Además se propone gestionar la articulación del segmento turístico y gastronómico de la quinua con los circuitos establecidos que están cercanos a los salares del país.
Consumo interno
Al mismo tiempo, desde el ámbito público también se plantea otro desafío: aumentar el consumo interno. Actualmente, el consumo de quinua en el país es bajo, pese a su alto valor nutricional y su reconocimiento como uno de los alimentos más completos.
“Debemos mencionar pues que el consumo interno no reúne las condiciones ideales. Consumimos muy poco y creo que deberíamos plantear el consumo, especialmente a niños, a jóvenes, adolescentes, incentivar el consumo interno”, expresó la jefa de unidad de gestión, conservación y puesta en valor de patrimonio alimentario del Viceministerio de Gastronomía, María Lupita Meneses.
La autoridad destacó a la Quinua como una semilla andina, considerada por su uso culinario similar a los cereales pero nutricionalmente superior, “es un superalimento libre de gluten, rico en proteínas completas, contiene los nueve aminoácidos esenciales, fibra, minerales, hierro, magnesio y vitaminas”, destacó.





































