Sin “Fast Track”, Tarija aun lidera la producción de gas en Bolivia

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Tarija sigue siendo el primer departamento productor de Gas Natural en Bolivia, y eso de por sí ya parece una anomalía después de casi una década en continuo declive y sin haber incorporado proyectos de envergadura para haber sostenido la producción. En cualquier caso, así lo reflejan los datos repuestos del Ministerio de Hidrocarburos en su página web.

A un día de cerrar el año, el promedio de producción anual es de 27,57 millones de metros cúbicos de gas, de los que 11,78 salen todavía de los campos tarijeños, con Margarita al frente. Santa Cruz, con el campo Huacareta en plena producción suma 10,12 y Chuquisaca, con la parte de Margarita – Huacaya transferida, suma unos 4,2 millones de metros cúbicos. Mientras, los viejos campos de Cochabamba aún producen 0,2 millones de metros cúbicos.

Donde sí se ha perdido el primer puesto en este 2025 es en la producción de líquidos asociados a los campos de gas. Si en 2015 se producían 42.000 barriles de petróleo al día en Tarija de los 60.000 que se producían en el país; actualmente se producen apenas 8.800 de los 23.600 que se producen en el país, siendo Santa Cruz con 9.800 quien lidera este ránking.

Crónica de un desastre

2015 fue el año del inicio del derrumbe, y no es casualidad. Los precios empezaron a caer desde el 2014 pasando de más de 100 dólares en el tercer trimestre a los menos de 30 en enero de 2016. La respuesta de YPFB fue aumentar la oferta bombeando más gas. En 2015 se registró el récord histórico de la producción en Bolivia con un promedio de 59,16 millones de metros cúbicos al día, de los que 40 salían de los campos tarijeños.

Algunos expertos señalaron entonces que los campos de San Alberto y San Antonio operados por Petrobras se sobre exigieron, y también Margarita. En 2016 se pasó de los 40 millones de metros cúbicos a los 30, y con ello, en lento descenso, a los menos de 12 actuales. Algunos analistas advierten que aún así, el vuelco de regalías no es proporcional.

El upstream y el fracking

El expresidente Luis Arce ha insistido en varias ocasiones que en el futuro se reconocerán los esfuerzos de su gobierno en reactivar la producción de hidrocarburos. Durante su gestión cuestionó duramente a su antecesor Evo Morales por no haber incorporado reservas.

El YPFB de Arce presentó dos veces el mismo plan de emergencia de reactivación del Upstream, aunque poco a poco se fue volcando en la comercialización de lo poco que quedaba. Ni Evo ni Arce lograron atraer empresas inversoras que asumieran riesgos para tener éxito – son famosos los fracasos en el Jaguar o sobre todo, en el “mar de gas” de Boyuy -, pero el segundo instruyó invertir más recursos propios de YPFB para la exploración logrando varios resultados, como lo que se prevé sea un megacampo en el norte de La Paz: Mayaya, y algunos pozos más pequeños en zonas tradicionales, para los que solo ha sido necesario contratar los taladros.

El DS 5503 habla de captar inversiones estratégicas en sectores de recursos naturales y ofrece “garantías” de estabilidad y aprobaciones exprés directamente en el ejecutivo, sin embargo, desde el Ministerio de ha hablado de reformar la Ley de Hidrocarburos también con la misma intención: atraer inversión extranjera para desarrollar proyectos de exploración. Los detalles de lo mismo deben contemplarse en otra normativa sobre la que Medinaceli, al margen de lo que durante años ha defendido en su extensa obra como experto, no ha dado muchas pistas.

Los detalles no son menores y varios expertos han advertido de que lo sucedido durante la capitalización de los 90 puede repetirse justamente con Mayaya.

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Atraer empresas para invertir en un sector tan estratégico como globalizado no es tarea sencilla: dependen de la rentabilidad, y eso obviamente depende de las condiciones del contrato, pero también de la coyuntura internacional. Donald Trump quiere petróleo barato para su plan de reindustrialización, y también Europa, que empieza a asumir que lo de las energías limpias cuesta demasiado. En su primer mandato 2016 – 2020, la técnica de la fractura hidráulica se desarrolló al máximo y encontró márgenes de rentabilidad en Pensilvania similares a los de Arabia Saudí (producir sobre 10 dólares el barril). Desde entonces no ha dejado de extenderse.

En Bolivia, sus condiciones geográficas particulares, convierten el fracking en una amenaza severa: El acuífero Guaraní – donde se asienta la zona tradicional chaqueña – es uno de los más importantes del planeta y cualquier error podría salir muy caro. Aún así, el asunto vuelve una y otra vez a la agenda.

Tariquía a la espera
Uno de los pocos contratos vigentes en Bolivia para la exploración es el de San Telmo y Astillero, sobre la Reserva Natural de Tariquía, que se adjudicó Petrobras con YPFB Chaco hace casi una década sin que haya dado resultados ni se haya desechado el proyecto que genera una fuerte contestación social.

En San Telmo se trata de entrar en los dos primeros pozos fuera de la Reserva, aunque el resto del desarrollo es dentro; en Astilleros hubo un problema con el taladro y desde entonces no se avanza. Pero tampoco se detiene. El Gobierno de Rodrigo Paz será quien deba dar una solución definitiva a este proyecto que tiene contrato en vigor, pero muchos problemas.